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lunes, 23 de agosto de 2010

¿Por qué?

Gracias a tantas idas y venidas dentro de nuestro adorado transporte público, es que surgen diversas ideas, y nuestro cerebro decide que debe volar un poco más allá de lo evidente.
Mi cerebro voló y decidió plantearme una serie de preguntas que hasta el momento no logro responder, y que me gustaría plasmar en este espacio.

- ¿Por qué las mujeres tienen que ir con tacos al trabajo?

- ¿Por qué, si trabajamos en atención al público debemos ir arreglados, cuando los clientes muchas veces van en pijama?

- ¿Por qué las mujeres tienen que combinar la cartera con la ropa, si a la larga, la cartera la guardan en el cajón de su escritorio?

- ¿Por qué regateamos todo lo que compramos?

- ¿Por qué cuando vemos a un ratero romper una luna o arranchar una cartera decimos: mira mira, le están robando!, y no actuamos?

- ¿Por qué decidimos que podemos tirar basura por la ventana del micro, y no podemos guardarla unos minutos en el bolsillo hasta encontrar un tacho?

- ¿Por qué nos paramos a una cuadra del paradero y pretendemos que la combi parará si o si?

- ¿Por qué tenemos que ir a una oficina a trabajar cuando podemos hacer el trabajo desde casa?

- ¿Por qué todos se creen entrenadores al ver algún partido, cuando con las justas pueden detener un balón?

- ¿Por qué le gritamos al chofer: Oiga avance!, cuando minutos antes nosotros hicimos esperar a toda la gente que estaba arriba gritando: ya pues avance!?

Esta es solo una pequeña lista de preguntas que decidieron llegar a mi cabeza en alguno de los viajes de ida y venida.
Muchos viajes están por venir, y con ellos quizás muchas mas preguntas me asalten. El detalle está en lograr conseguir respuesta a al menos una de ellas.

domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Y ese olor?

Muchas veces al subir a una combi, bus, micro – o como prefieran decirle- he percibido olores que han generado que mi sentido del olfato me repudie, que me odie por hacerla sentir esos “aromas”.

Cada vez es más difícil escaparme de ellos, cada vez es más complicado encontrar un transporte que no genere un conflicto con mi nariz.
En primer lugar está el cobrador, aquella persona que grita como loco en la puerta del carro (toda la marina, pershingggg!; haber con sencillo por favor; acomódense que al fondo entran 8)… esa persona, parece que busca vengarse de los pasajeros que lo “estresan” día a día. Por eso no se bañan, por eso no se lavan las manos, por eso no usan shampoo, por eso no usan talco, por eso no usan desodorante.

¿Realmente les cuesta tanto usar desodorante? ¿Realmente es tan complicado usar un poco de jabón? ¿Realmente es tan difícil pasarse un poco de agua por el cuerpo?
Pues parece que sí; porque mi olfato lo ha sentido, porque mi nariz ha sufrido.
En más de una ocasión he tenido que aguantar un detestable olor por la falta de desodorante; en más de una ocasión soporté un par de manos negras y con cayos por el contacto con el dinero.

Y lo peor de todo es que parece que soy la única que lo percibe, la única que lo huele; porque todos los demás pasajeros duermen plácidamente, conversan como si nada, escuchan y tararean la música de su mp3; todo esto CON LAS VENTANAS BIEN CERRADAS.
Los aromas se impregnan en todo el carro, se esparcen, y al parecer nadie lo siente. Mi nariz no soporta más, me pide respirar aire puro, me pide que la salve de ese martirio.
Solo me queda cubrirla, aguantar lo más posible, y rogar por llegar pronto a mi destino.

Ya falta poco, aguanta, ya llegamos al paradero: BAJAN EN LA ESQUINA!

martes, 17 de noviembre de 2009

Asiento Reservado

Cuántas veces se han subido a una combi o bus, cansados, esperando encontrar pronto un asiento, y han descubierto que esa posibilidad es muy remota?

Todas las mañanas tomo mi carro para irme a la chamba, y ya tengo bien claro algo: iré parada un buen tramo. Pero, que cólera da cuando ves que tus probabilidades de sentarte se alejan.
Subes y te paras cerca de una persona que al parecer va a bajar; es decir, no me paro al costado de los que duermen, ni de los que están leyendo, porque, muy probablemente bajarán mucho más adelante.

Sigue subiendo gente y me veo obligada a moverme para evitar que me aplasten y viajar un poco más cómoda. Segundos después, la persona que estaba sentada donde yo estaba parada dice: baja en la esquina. “RAIOS! Por qué me moví!?” pienso. En fin, ya se bajará otra persona.

El carro sigue su trayecto, y ya me cansé de luchar con los baches y frenadas en seco del carro. Veo mi posibilidad de sentarme, alguien bajará. Sube más gente, y entre ellos una viejita. Pues, qué puedo hacer!? Asiento reservado… 2da oportunidad perdida y mis piernas y brazos desean un receso.

“En cualquier momento alguien se baja y me sentaré”, ingenuamente pienso. Pero bueno, nada muy alejado de la realidad. Minutos más tarde alguien se baja. Pero estaba sentado en el asiento más incomodo. Era de esas personas que con tal de ir sentada, no le importa si va encima del motor. Yo estoy cansada, pero nunca tanto para ocupar ese asiento. Prefiero seguir parada.

Un rato más tarde, otra persona se baja, y parado frente a esa persona está un chico. Pienso: “tiene cara de ser caballero, me cederá el asiento”. Segundos después, el “caballero” posa sus cuatro letras en el asiento que según yo ocuparía.

Ya se acaba mi trayecto, TODOS están sentados. Soy la UNICA parada. Al menos voy cómoda y nadie me empuja (vale pensar en positivo).

Llegué a mi destino y nunca me senté. Me bajo yo, y detrás mío otro grupo de personas. La combi esta vacía con muchos asientos libres.

Ni modo, para otra será… eso creo.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Te conozco?

Cuando uno tiene un trayecto diario, por la misma ruta, suele identificar a personas, que día a día toman tu misma ruta. A muchos los vez a diario, a otros solo algunos días, pero, ya sientes que los conoces.

Esto me pasa ya hace casi 3 meses, que tomo una misma ruta a diario; gracias a esto he logrado identificar a ciertos personajes.
En este pequeño post les describiré a esos personajes que ya siento que conozco.

La señora temblorosa: esta señora siempre esta sentada adelante, en el asiento reservado. No se exactamente desde dónde venga, porque cuando yo subo a la combi ya ella está ahí. Pero cuando la veo, me arrepiento un poco de haberme subido. El problema con esa señora reside en sus piernas. Cada vez que cruzamos el puente Ricardo palma, llegamos al paradero en el cual la señora se bajará, y en el cual nos quedaremos fácil 5 minutos esperando que la señora baje. No es muy adulta, no es anciana, pero, sus piernas parece que ya lo son, y se vuelve casi una misión imposible ayudar a la señora a bajar de la combi.

La triste: es una joven, aparentemente universitaria, que se baja mas o menos por la cuadra 5 de roca y boloña. El rostro de la chica la hace parecer triste, porque sus ojos son caídos. Además de eso, es súper blanca, y lacia. Siempre esta con los audífonos escuchando música.

Ojitos: es un cobrador de las pocas combis que van por roca y boloña. Ojitos tiene un ojo que apunta en otra dirección. No se si sea de nacimiento, pero, de hecho llama la atención.

Mirón: otro cobrador de las combis que tomo para llegar a la chamba, es un señor ya mayor, chiquito, siempre con su gorra puesta. Le pongo mirón, porque este señor revisa una, dos, tres o las veces que sean necesarias, las monedas que recibe de sus pasajeros. Asumo que en más de una ocasión le han dado monedas o billetes falsos y por eso mira y remira lo que recibe.

La fresca: es una señora, de aproximadamente 40 años, que sube en el puente Ricardo palma. Camina con toda la paciencia del mundo para llegar a la combi. Sube con total lentitud, y si no hay sitio, apoya sus cuatro letras en el respaldar de algún asiento libre. Es una de esas personas que con solo mirarla yo pienso: NO ME CAE.

El escolar: hay un niño que siempre espera el carro a mitad de la calle, y para su suerte, el carro siempre se detiene para recogerlo. Debe estar en 3ero o 4to de secundaria. Pequeño de talla, cabello ondulado, y aunque tenga ropa deportiva o uniforme escolar, siempre trae puesta su casaca. A pesar que siempre lo veo, hasta ahora no se de que colegio es.

Esta es una pequeña lista de los curiosos personajes que acompañan mi trayecto para llegar a mi trabajo. Y ustedes? También tienen sus personajes “conocidos”?

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Trayecto

La mañana avanza rápido.
Se acerca la hora de partir.
Muchas cosas pendientes por hacer.
Poco tiempo para hacerlas.
Es momento de salir a tomar el auto que me lleve a mi destino.
Es momento de tomar lo que pueda entre mis manos para poder irme a trabajar.
El tiempo se acelera.
No me queda tiempo para nada.
Es momento de salir.

Los autos pasan llenos.
He salido dos minutos mas tarde de lo normal.
Dos minutos en los que aparece más gente.
Dos minutos en los que los carros pasan más llenos.

Me toca esperar.
No me gusta ir apretada.
Pero es inevitable.
Debo subirme ya.
El tiempo sigue pasando.
No puedo seguir esperando.

Gente cómoda balancean sus cabezas mientras duermen placidamente sentados.
Gente incomoda intenta aguantar y evitar caer mientras van parados.
Gente que intenta subir, empujando, avanzando, pidiendo permiso.
El carro está repleto y yo dentro de él.

Me toca espera que empiecen a bajar.
Se que esto pasara, que en algún momento bajaran todos.
Que en algún momento podré sentarme.
O que en algún momento al menos podré ir parada cómoda.

Todos esperan llegar temprano.
Temprano al colegio.
Temprano al instituto.
Temprano a la universidad.
Temprano a la chamba.
Temprano.

Menos de una hora me separan de mi destino.
Y tal como lo pensé el carro dejó de reventar.
Dejó de albergar a miles de personas.
Y logré sentarme.
Y logré descansar un momento.

Llegó la hora de bajarme.
Y por suerte esta tarea no presenta complicada.
Nadie se interpone en mi camino.
Ahora toca trabajar.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Pasas por…

Hace mucho tiempo que no me movilizaba tanto en combi. Es que vivía súper cerca de la universidad, tan cerca como para solo gastar china en el micro, tan cerca como para escuchar con las justas 4 o 5 canciones de mi reproductor de música, tan cerca como para salir a las 4pm cuando la clase era a esa hora.

Pero ahora las cosas cambiaron, ahora la combi ocupa 2 horas y media de mi día, cuando antes ocupaba a lo mucho media hora (eso era cuando hacia 2 viajes al día). Ahora la chamba me queda un poco lejos, y encima no hay un carro que me lleve directo.
Y por lo mismo que paro en combi, es que me gano con muchas cosas, anécdotas, que pueden alegrarme el día por lo cómicas que son, o darme un inicio lleno de bilis. Lo normal es que sea lo segundo. Por culpa del cobrador, por culpa del chofer, por culpa de los pasajeros, o por mi culpa.

Hoy, fue ambiguo. No sabía si reírme de la torpeza de dos pasajeras, o renegar por su indecisión y por demorar la combi.

Dos señoritas subieron a la combi cuando pasaba por la av. Cuba. Desde que subieron, saltaron los problemas, y es que mientras subían, le preguntaban al cobrador si iban por “x” ruta (yo estaba escuchando música, así que la verdad no se cual era su destino). El cobrador les dijo que no iba por ahí, y mientras la chica se bajaba, el chofer le gritaba: “las dejo a una cuadra”. Las chicas decidieron subir, y confiar en lo que les decía el chofer.

Cuando llegamos a la av. Arequipa es que empezó el dilema. Una de ellas decía que debían bajarse ahí. La otra decía que mejor se bajaban volteando.
El semáforo estaba en rojo, así que no había mucho problema con su discusión; pero llamó la atención de los demás pasajeros.

La chica de lentes tenía el monedero en su mano (es decir, ella pagaría el pasaje), y quería bajarse volteando. La otra amiga le decía: “ya apúrate, págale y baja”. Estaba evidentemente avergonzada por la indecisión de la chica de lentes.
Como les digo, no se cual era su destino, pero, de hecho era hacia las primeras cuadras de la av. Arequipa.

Toda esta conversación se dio en el tiempo que duraba el semáforo rojo, pero, obviamente debía cambiar en algún momento a verde. Y eso ocurrió, y ambas señoritas seguían en la combi, indecisas. La gente empezó a desesperarse un poco, y empezaron a dar consejos a las chicas, y un poco más a empujarlas para que se bajen.

La chica de lentes, no sacaba la plata para pagar, porque estaba más atenta por saber donde bajar.
Por suerte, luego de que por poco el semáforo volviera a cambiar a rojo, las chicas bajaron de la combi.
Al bajar pude ver como una de las chicas le decía a la amiga de lentes: “te pasas oie”; y es que evidentemente la chica de lentes le había hecho pasar una gran vergüenza.

Luego de eso me quedé pensando sobre la cantidad de anécdotas que uno puede tener en una combi, y de cómo fácilmente podrías crear un blog al respecto. Y luego de volar un rato sobre cómo se podría llamar el blog, y cual podría ser el primer post; llegué a mi destino, al ovalo de Miraflores, donde, como siempre, me bajo para tomar mi carro que me llevara a la chamba.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Carteras que duelen

Hoy fue una mañana más. Una mañana de levantarme temprano, para ir al trabajo. Aunque bueno, hoy tenía chance de dormir una horita más porque mi hora de ingreso los días sábados es a las 9am.
Tome la combi acostumbrada, que me llevaría al ovalo de Miraflores, donde hago conexión hacia mi chamba.

A cierta altura de mi camino logré conseguir asiento. El carro estaba con regular gente parada, y a lo lejos escuchaba al cobrador gritar: “avancen por favor, al fondo hay sitio. Colabore pues señorita”. No le prestaba atención, y me concentraba en la música que escuchaba.

En algún momento subió una señora, no muy mayor, y se paró cerca de mi asiento. Traía una gran cartera que parecía de piel de tigre, y, tal como hacemos las mujeres, la puso delante de ella.

Llegamos a la mitad de mi recorrido, y el carro empezó a correr como si lo persiguiera la policía. Yo no me hacía problemas, porque había salido algo tarde de casa y debía llegar al trabajo.

La señora con la cartera de tigre, empezaba a tambalearse por la velocidad que cada vez iba en aumento. El carro frenaba en seco, aceleraba de improviso, y tanto la gente parada como la sentada sufrían por los temerarios movimientos.

Yo veía cada vez más cerca de la señora y su cartera, y ya me disponía a pararme para darle mi asiento, puesto que la señora no aguantaba más el viaje (y para variar no había caballeros en la combi que le pudieran dar su asiento).

Cuando mi cabeza ya pensaba que era mejor darle mi asiento, el carro frenó en seco, y con la frenada, la cartera de tigre decidió empotrarse en mi ojo derecho. Fue un golpe seco directo al hueso de la parte inferior de mi ojo derecho, justo con la punta de la cartera, que, lamentablemente no era de un material suave.

No hice otra cosa que cerrar el ojo, y llevarme la mano a la cara. Me dolía, y las lágrimas no tardaron en salir. No es que empezara a llorar, solo brotaron lagrimas ya que tengo la vista sensible (no puede entrarme nada al ojo porque me lagrimea). Escuché a la señora decir: ay perdón!... y sentía que me tocaba la cabeza en evidente arrepentimiento y preocupación. Yo no decía nada, solo estaba con la cabeza abajo, y seguía tocándome el ojo.
Saque mi espejo y me mire en él, rogando por no ver un gran golpe o herida. Por suerte, mis ruegos fueron escuchados, y mi ojo estaba intacto, algo rojo, pero intacto.

Solo unos minutos después del golpe la señora se bajó, y escuchaba que le decía a alguien lo que había pasado. A mi no me interesaba, solo me preocupaba que, aquel golpe con la cartera de tigre, no traiga secuelas que luego hagan pensar que soy una mujer maltratada.

Ya son casi las 10am, a poco menos de dos horas del golpe, y el dolor aún me acompaña. Esperemos que durante el resto del día decida por fin dejarme.

martes, 22 de septiembre de 2009

A los nacidos entre 1975 y 1989 y un poquito antes también

Este post nace a raíz de un mail que me llegó el día de hoy y me hizo recordar muchas cosas. Está un poco editado, pero, lo básico está. El mail lo recibí de Alejo, y realmente me agradó. Vamos a recordar…

- Somos la última generación que aprendió a jugar en la calle y en los recreos del colegio a las canicas (personalmente solo me gustaban los colores), al trompo, a las escondidas, al mundo, al elástico, a los jaxes, y a los policías y ladrones (yo jugaba cuando paraba en la casa de mi abuelita, y nos dividíamos en hombres y mujeres… y las mujeres siempre perdíamos ¬¬), somos la primera que hemos jugado videojuegos como pimball (0.30 el rin), atari y súper Nintendo (jugando mario!), jugamos el tetris, top gear.

- Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en casettes y los primeros en usar walkman y el chat. (MIRC)

- Vimos Salvado por la Campana y Los años maravillosos (ahora los pasan como enlatados, durante la madrugada). Lloramos con Carrusel (viendo a Cirilo decir: no, yo decía nomás), y nos moríamos si no llegábamos a ver Nubeluz (y peor aun, moríamos si no íbamos al programa al menos una vez, era todo un reto lograr entrar).

- Somos la Generación de Hola Los Magnificos, Miami Vice, los Thunder Cats, los Transformers, He-Man, Calabozos y Dragones, las Tortugas Ninja, Looney Tonnes, Supercampeones, Los caballeros del zodiaco, de los pitufos, La Pantera Rosa , Los Picapiedras, el pájaro loco; y también Candy (quien sufría junto a miles de niñas por no estar con Anthony).

- Los que crecieron escuchando a Queen, Soda, Madonna, Metalica, Kiss, Michael Jackson y Guns ´N Roses. También estaban las Azúcar Moreno, Magneto y los New Kids on the block.

- Nos emocionamos con Superman, ET, Volver al futuro (1-2 y 3), FootLose o Indiana Jones.

- Viajábamos en autos sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag.

- Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos a esta cuando se encendían las luces.

- No había Móviles. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila o bolsón que rara vez tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y tomábamos bebidas, pero no éramos obesos.

- No tuvimos PlayStation 4, ni 1000 canales de televisión, ni pantallas planas, sonido sunround, mp3s, ipods, computadores e Internet, pero nos las ingeniábamos para pasarla

- Bebíamos agua directamente del caño, sin miedo a enfermarnos, y nunca escuchamos sobre el calentamiento global.

- Cortejábamos a nuestras amiguitas jugando a la botella borracha o al verdad o castigo, o también enviando cartitas; no en un chat diciendo :) xD

- Bailábamos siempre con alguna distancia de la pareja, y disfrutábamos de las fiestas con luces, cortadora y humo.


- Viajábamos en combi, siendo escolares, pagando entre 0.30 a 0.50 centavos.

- Disfrutamos del sublime en su bolsa de papel manteca (de mayor tamaño y con más maní); de las coronita de mayor tamaño y mucho mejor sabor; del original Sorrento (de mejor sabor y tamaño)

- No necesitábamos cerrar toda nuestra cuadra con rejas.

Y así, mil y un cosas más que hemos disfrutado durante una de las mejores épocas, y que nos envidien por eso. Nadie tendrá una niñez como la nuestra.
Dense un tiempo para recordar y demuestren a las actuales generaciones, de todo lo que se perdieron, y de todo lo que nosotros si logramos disfrutar.

(Los dejo con un video como para que sigan recordando)


jueves, 17 de septiembre de 2009

1.20 (Con escenas editadas)

Lima 14 de setiembre del 2009
Hora: 7:20am aproximadamente
Lugar: calles de Lima, ruta Pueblo Libre – Miraflores. En una combi.

Cobrador: a ver pasajes, pasajes

Diana busca en el monedero y saca 1 sol

Cobrador: a ver pasajes

Diana le entrega 1 sol al cobrador con la esperanza que no le diga nada, sino, estaba dispuesta a pagarle los 0.20 centavos, que era consciente faltaban.

Cobrador: a donde va?

Diana: arequipa

Cobrador: que cuadra?

Diana: hasta el ovalo

Cobrador: 1.40 es hasta el ovalo

Diana: q? 1.40? no te voy a pagar 1.40. A lo mucho 1.20

Cobrador: 1.40 es hasta el ovalo pues. 1.20? no, no, 1.40?

Diana terca y fiel a su estilo (además que sabia que no era justo pagar 1.40): yo no te voy a pagar 1.40 hasta el ovalo de Miraflores. A lo mucho 1.20

Cobrador: y porque me das 1 sol? 1.40 es el pasaje

Diana: yo no te voy a pagar 1.40. Te doy 1.20 a lo mucho.

El cobrador se va requintando.
Diana no le hace caso y sigue escuchando música.

Cuadras mas adelante, se sube un sujeto evidentemente ebrio. Se paró junto a la puerta de la combi, y le empezaba a hablar al cobrador. La verdad no se que le decía porque yo estaba con los audífonos puestos, pero lo veía reírse. En sus intentos por hablar con el cobrador empujaba a otra mujer, quien incomoda, solo atinaba a empujarlo de vuelta (en vez de cambiar de lugar). Con las justas se podía mantener en pie, incluso cuando iba a pagar se le cayo la billetera y el cobrador se la tuvo que recoger porque sino el borrachín se caía.

Más adelante, el auto frena, el sujeto se tambalea y me golpea el brazo. Como el hombre estaba ebrio, preferí no decir nada y solo cambiarme de lugar. (Evidentemente fastidiada). Todos en la combi notaban el estado del hombre, pero nadie decía nada.

Luego de algunos minutos logré sentarme y como sabía que el cobrador me iba a cobrar el pasaje, empecé a cranear alguna coartada. Miré al borracho, aún parado al costado del cobrador, que le hablaba y se reía. El cobrador no decía nada, solo le seguía el juego, y ni lo miraba. Pensé, y me di cuenta que tenía mi coartada perfecta.


Minutos después, y yo ya sentada, se me acerca el cobrador con actitud matonesca

Cobrador: su pasaje

Diana: ya te pague

Cobrador: me pago 1 sol, es 1.40

Diana y ya con la coartada pensada le responde: cuando se baje ese señor de ahí (señalando al borracho) me bajo. Me ha caído encima y me golpeo todo el brazo, por eso me vine para acá. Osea, encima que dejas subir a un borracho quieres que te pague 1.40?

Cobrador: acaso yo tengo la culpa? Está ahí tranquilo. Está borracho pues, yo que voy a hacer?

Diana: como que no tienes la culpa? Quien lo dejo subir? Es tu carro y tú lo dejaste subir.

El cobrador notó que mi coartada era precisa. Pero insistió una vez más.

Cobrador: 1.40 es el pasaje.

Diana: ya te dije que no te voy a pagar 1.40, te doy 1.20, no te doy mas (conmigo no se iba a hacer el machito)

Cobrador: (asadazo) ya, ya, dame pues

Diana para evitar problemas, saca 0.50 centavos de la billetera y se la da. Recibo mi vuelto, sin renegar ni decir nada, tranquila escuchando música.

Mientras tanto el borrachito se sentó cuadras antes de llegar al ovalo, en el asiento reservado. Su paradero? Pues no lo se, probablemente barranco.


Me bajé en mi destino acostumbrado tranquila, porque, en cierta forma, me salí con la mía ;)

martes, 15 de septiembre de 2009

1.20

Lima 14 de setiembre del 2009
Hora: 7:20am aproximadamente
Lugar: calles de Lima, ruta Pueblo Libre – Miraflores. En una combi.

Cobrador: a ver pasajes, pasajes

Diana busca en el monedero y saca 1 sol

Cobrador: a ver pasajes

Diana le entrega 1 sol al cobrador con la esperanza que no le diga nada, sino, estaba dispuesta a pagarle los 0.20 centavos, que era consciente faltaban.

Cobrador: a donde va?

Diana: arequipa

Cobrador: que cuadra?

Diana: hasta el ovalo

Cobrador: 1.40 es hasta el ovalo

Diana: q? 1.40? no te voy a pagar 1.40. A lo mucho 1.20

Cobrador: 1.40 es hasta el ovalo pues. 1.20? no, no, 1.40?

Diana terca y fiel a su estilo (además que sabia que no era justo pagar 1.40): yo no te voy a pagar 1.40 hasta el ovalo de Miraflores. A lo mucho 1.20

Cobrador: y porque me das 1 sol? 1.40 es el pasaje

Diana: yo no te voy a pagar 1.40. Te doy 1.20 a lo mucho.

El cobrador se va requintando.
Diana no le hace caso y sigue escuchando música.

Cuadras mas adelante, se sube un sujeto evidentemente ebrio. Con las justas se podía mantener en pie, y en un momento que el auto frena, el sujeto se tambalea y me golpea. Como el hombre estaba ebrio, preferí no decir nada y solo cambiarme de lugar.

Minutos después, y yo ya sentada, se me acerca el cobrador con actitud matonesca

Cobrador: su pasaje

Diana: ya te pague

Cobrador: me pago 1 sol, es 1.40

Diana: ya te dije que no te voy a pagar 1.40, te doy 1.20, no te doy mas (conmigo no se iba a hacer el machito)

Cobrador: (asadazo) ya, ya, dame pues

Diana para evitar problemas, saca 0.50 centavos de la billetera y se la da. Recibo mi vuelto, sin renegar ni decir nada, tranquila escuchando música.
Me bajé en mi destino acostumbrado tranquila, porque, en cierta forma, me salí con la mía ;)