Mostrando entradas con la etiqueta hermano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hermano. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de agosto de 2009

Cucaracha

Hace algunos años, descansaba en el cuarto de mi madre. Mi papá aún no llegaba de la chamba y mi hermano estaba en su cuarto. Ya era tarde, así que decidimos salir a cenar. Todo estaba oscuro, pero recuerdo haber visto un punto más negro en el techo. Una oscuridad intensa que llamó inmediatamente mi atención. Prendí la luz del comedor, sin dejar de mirar esa extraña negrura. Al encenderse la luz, vi que esa cosa negra, era una INMENSA cucaracha. Yo no soy para nada fanática de estos bichos, asquerosos. Y solo pensar que podía ser voladora, me aterraba. Mi madre por su parte, le tiene pánico a estos bichos. Así que solo atinó a meterse corriendo a la cocina y llamar a mi hermano. Yo seguí sus pasos, y me reía de los nervios. Mi hermano salió, preocupado y algo asustado preguntándose qué diablos pasaba.

Mi madre le pidió a mi hermano que por favor se haga cargo del visitante, no sin antes pedirme a mí que cierre todas las puertas de los cuartos –claro como si la cucaracha no pudiera meterse por debajo de la puerta. En fin, le hice caso, y luego de cerrar las puertas, volví a meterme corriendo a la cocina. Mi hermano en el comedor, estaba armado: una escoba en la mano derecho y un zapato en la izquierda fueron sus aliados para la batalla. Así que se acerco al visitante, dispuesto a terminar en un instante con el bicho y poder irse a su cuarto de nuevo a descansar. Mientras tanto, dos cabezas se asomaban por la cocina; mi madre y yo nos asomábamos tímidamente por la puerta.

Entonces mi hermano se dispuso a atacar, y escuchamos un PUM!, mi madre pego el grito en el cielo, peor que cuando ve películas de terror. Según nos dice, grito porque pensó que la cucaracha había empezado a volar. La realidad, era que había caído muerta por culpa del golpe de mi hermano.
Nunca supimos de dónde salió, cómo entró a mi casa, cómo llegó al techo y mucho menos, si era voladora. Solo sé que estoy contenta de no haber tenido que averiguarlo.

(los dejo con un video que recordé mientras escribía este post)

miércoles, 17 de junio de 2009

Puntos

Cuando era niña, no sé qué edad tenía realmente, fácil 9; pasaba mucho tiempo en la casa de mis abuelitos paternos, después del colegio. Como mis papas chambeaban, nos dejaban con ellos toda la tarde.
Pero bueno, como cualquier niño a esa edad; con mi hermano buscábamos formas de distraernos y pasar el rato.
Así, un día, estábamos en uno de los cuartos de la casa de mis abues, y nos pusimos a jugar (como siempre)
El juego consistía en que debíamos dar vueltas en el sitio, y luego mantener el equilibrio. Lo sé, es tonto, pero, a esa edad juegas cualquier cosa y te diviertes.
Bueno, como yo era la mayor, le dije a mi hermanito que él empiece el juego.
Empezó a girar, y yo a animarlo para que siga. Nos reíamos y disfrutábamos del juego. Pero todo quedó en silencio de un momento a otro, y solo escuché un fuerte golpe, que obviamente llamó mi atención. Vi claramente cómo mi hermano golpeaba su cabeza contra la manija de un gran ropero. Me sorprendí y lo miré esperando una reacción.
Él se tomó la cabeza, y puso una evidente cara de dolor. Me asusté.
Me acerqué a mirarlo, y descubrí con sorpresa que su cabeza sangraba. Me quedé petrificada y dudé un segundo sobre qué hacer. Así que tomé la decisión. Agarré a mi hermano de los hombros y lo llevé al baño. Cerré la puerta, abrí el caño del lavamanos, y metí su cabeza debajo del chorro de agua.
La sangre no paraba de salir, ya parecía película de terror.
Yo estaba asustada por la imagen, y por lo que me dirían mis papas (castigo seguro, solo en eso podía pensar). Pero no podía dejar a mi hermano así, y tuve que llamar a mi abuelita que estaba abajo cocinando.

Se llevaron al toque a mi hermano a la clínica, y yo asustada me quedé en casa esperando por su regreso, y bueno, por mi –según yo- inminente castigo.
Cuando volvieron, mi hermano ya no sangraba y tenía un gran parche en la cabeza. Cuando pregunté me dijeron que había sido necesario hacerle un par de puntos porque el corte había sido profundo.

Por suerte, unos días después le retiraron los puntos, y nada paso más allá de un buen susto.

Y bueno a mí… no me castigaron.