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viernes, 5 de febrero de 2010

Cachivachera

Hoy terminé mi trabajo del día, y decidí que me tocaba ir al gimnasio, no había ido ayer, así que ya me tocaba. Me puse el short, el polo y me senté en mi cama para ponerme las medias y las zapatillas. Sin embargo, eso no paso, y mire mi escritorio.
Mi escritorio tiene mil años en mi cuarto, osea, desde que estaba en el colegio. Y bueno, cada vez carga más cosas. Papeles, sobres, folders, agendas, revistas... la lista es realmente interminable, y el escritorio ya pide chepa. Sumado a eso, está el hecho de que está ya muy picado, motivo por el cual por las noches mi cuarto se llena de esos insoportables bichos de la luz, que me hacen apagar hasta la pantalla del celular.
Bueno, ya tengo pensado botar ese escritorio, pero el problema está en dónde dejar todo lo que hay en él. Y es que aun no tengo el dinero para comprarme uno nuevo. Entonces se me ocurrió que una forma de iniciar, es desechando todo lo que ya no uso.
Así, cambie mi idea de ir al gimnasio, por eliminar todo aquello inservible de mi ya chancado escritorio.
Fue ahí cuando caí en cuenta de lo cachivachera que puedo ser. De hecho lo sabía, pero nunca creí que fuera tanto. Y esto fue mayor cuando se me ocurrió también limpiar mi velador. Fue ahí donde encontré las cosas más antiguas.
Cartas de mi primer enamorado donde me declaraba todo su amor; cartas que intercambiaba con amigas del cole; una carta que me mando una amiga, y que luego de leerla me di cuenta que en realidad buscaba ser más que una simple amiga; fixture de campeonatos de cuando jugaba basket en época de generales letras. Encontré agendas de hace siglos, las cuales llenaba hasta con la envoltura de caramelo que me regalaba alguna amiga.
Es decir, había prácticamente de todo, y todo se fue rompiendo y tirando poco a poco dentro de varias bolsas que fueron ocupando un gran espacio de mi cuarto.
Luego de 2 horas de limpieza, 10 bolsas decoraban el centro de mi cuarto. Y unos minutos después, esas 10 bolsas llenas de recuerdos fueron tiradas a la basura definitivamente.
Pero bueno, los recuerdos son del pasado, quedarán en mi mente los más valiosos, los que marcaron una etapa de mi vida, y que difícilmente pueda olvidar.

Ya me tocará una segunda etapa de limpieza, en la cual probablemente siga encontrando tantos recuerdos, que ya es momento de botar, y darle paso a cosas nuevas. Ya toca darle paso a una nueva etapa de cachivaches, porque, lo tengo claro, no podré evitarlo, soy una total cachivachera.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Amen

No me considero una persona atea, sin embargo, no voy a misa todos los domingos, no rezo en las noches, ni rezo antes de ingerir alimentos. La última misa a la que fui, fue el viernes que pasó, y no precisamente porque me antojara. El viernes la misa fue por mis abues, que si eran súper católicos. Me sentí fuera de lugar, y me aburrí.
Sé que tengo que decir en cada parte de la misa: este es el sacramento de nuestra fe… anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven señor Jesús. Se cuando debo persignarme. Sé cuando debo arrodillarme, aunque también se que no estoy obligada a hacerlo. Sé que cuando toca el momento de dar la paz, debo hacer un giro de 360 grados y saludar a todos a mi alrededor, aunque me den miedo. Sé que si no me he confesado, sería fresco de mi parte ir a comulgar. Y es que no por las puras estudié durante 11 años de mi vida en un colegio religioso, en donde hacían misa hasta por el cumple del vigilante.
Igual mantengo cierta de la carga religiosa, recibida por tantos años. Por ejemplo, me persigno al salir de mi casa, sobre todo cuando se va a quedar sola; me persigno cuando paso por la imagen de san Martín de Porres que está en la puerta del mercado; tengo la imagen de la virgen María en mi cuarto (aunque esta la puso mi madre).

La primera comunión la hice, porque en el colegio me obligaron. No por nada mi colegio era de monjas, y si alguna se negaba a hacerlo, sería “mal vista”. Nos preparamos en una iglesia cercana al cole. Teníamos que ir los domingos, a la catequesis. Y luego de no sé cuánto tiempo, llegó el día de la primera comunión. Todas de blanco, angelicales, virginales, entramos a la iglesia en fila india, con las manos juntas, como rezando. Y luego de escuchar la misa, nos fuimos a tomar un desayuno que había organizado el cole. Al salón solo entrabamos las alumnas, algunas profes y el fotógrafo. Todos los papas tenían que esperar afuera, mirando por las ventanas. En el desayuno, intercambiamos las famosas estampitas, o algo así como recuerdos. Debías tener todos, parecía que intentábamos completar un álbum de figuritas.

Y luego de comer, conversar, tomarnos fotos e intercambiar estampitas, cada una se fue con su familia. Ese día parecía mi cumpleaños, todos me saludaban y felicitaban; e incluso algunos me daban regalos.
Pero bueno, no sentí nada especial la verdad. Es decir, no sentí que haya madurado, ni crecido, ni nada parecido.

Creo que esos sentimientos hicieron que, ya cuando estaba en secundaria, “lista” para la confirmación, me rechazara a hacerla. Sentí que en ese momento tenía cosas más importantes por hacer, que ir a las charlas que eran los días sábados. Pensé que lo haría después, “más adelante” decía yo. Pero, bueno, ya han pasado varios años desde que mi “más adelante” salió de mis labios. Igual, se que tarde o temprano lo haré, quizás cuando me case.
Quién sabe…

sábado, 8 de agosto de 2009

Sopa de caracol

Cuando estaba en el cole, durante los años de primaria, siempre hacíamos actuaciones por lo que sea. Y es que éramos pequeñas, osea, adorables; es decir, los profesores consideraban que era “tierno” hacernos bailar, para hacer que nuestros papás estén contentos (cosa que así no renegaban tanto al pagar las boletas). Pero bueno, yo cursaba, creo que el 3ero o 4to de primaria, y evidentemente, ese año no fue la excepción. Ese año, en una de las tantas actuaciones de las cuales participábamos obligadas, nos hicieron bailar una canción que estaba, por así decirlo, de moda, en aquel momento.

La cosa es que, nos sacaban a ensayar a cada rato. En hora de matemáticas, en hora de literatura, en hora de biología… siempre nos sacaban para ensayar.
Comprenderán que para mí era realmente agradable la idea de faltar a clases, así que, cada vez que nos decían: ensayo, yo me ponía de pie al toque y salía contenta.
Pero aquel día, algo extraño paso. No nos habían avisado a qué hora ensayaríamos ese día. Pero la profesora nos hizo parar, todas mis compañeras se pusieron en pie, y yo las seguí, con una sonrisa en el rostro.

Lo raro era ver a algunas de mis amigas con rostros asustados (al igual que la profe). Pero bueno, yo seguía la fila, y pensaba los pasos, para no equivocarme en el ensayo. Al salir del salón, todo fue más confuso aún. Mi salón no era el único que salía. Vi como todos los demás salones salían rápidamente, y cada una con el rostro mas preocupado que la otra. Bueno, no le presté importancia, porque tal vez sería un ensayo general o algo así.

La cosa es que la profesora nos llevo así la puerta de salida del colegio, eso ya me hizo dudar aún más de lo que pasaba. Seguía mirando a los lados, y ya sospechaba que no iríamos a ensayar.
Salimos del colegio, y vi a mi abuela afuera (ella vivía frente a mi colegio) con rostro muy preocupado, se me acercó rápidamente y me dijo: estas bien?. Ya eso fue más extraño, así que solo la miré y le aseguré que sí, que me encontraba bien.

Tienen idea de lo que había pasado? Pues bueno, aparentemente, ese día, a la hora de mi supuesto ensayo de “sopa de caracol”, se había producido un fuerte temblor. Temblor que, no sé por qué, no sentí en lo más mínimo.
Poco tiempo después presentamos nuestro acto, y por suerte, ya sin temblores de por medio.

(los dejo con la canción que da título a este post)


sábado, 25 de abril de 2009

Una bandera quemada

Esta historia la recuerdan todas las chicas de mi promo, y ocurrió durante alguna actividad de esas que organizaba mi cole buscando sacarles dinero extra a nuestros padres.

Pero bueno, ese día de la actividad, los dos salones decidimos bailar la música que estaba de moda. Es así que nos dividimos en dos grandes grupos de más de 30 personas cada uno.
Uno de los grupos decidió bailar “De sol a sol”, del recordado grupo Salserin (en este grupo me encontraba yo). El otro grupo se inclino más por la música de los Backstreet boys y escogió la canción Everybody.

Bueno, las primeras en salir fuimos las salserinas, todas disfrazadas como los chibolos del grupo este; osea, vestíamos un jean inmenso, de esos que le decían carpinteros; un polo o camisa y gorrita; es decir, éramos unos machitos. Todo estaba genial, con las luces de alrededor apagadas, para que nosotras seamos el centro de atención. Terminando el acto, nosotras salíamos, y justo detrás nuestro entraban las chicas BSB. Ellas entraban sin música, y se colocaban en sus posiciones, mientras la música de salserin iba desapareciendo. El acto iniciaba con el reconocido inicio de la canción: Everybody, yeah.
(la foto es de ese día, no se ve muy bien, pero, somos las salserinas jaja)

Todo iba genial, las chicas que ya habíamos bailando, desde afuera gritábamos y hacíamos chongo. Las chicas de los demás salones también entraban al juego y silbaban y gritaban, como si estuvieran viendo a los reales BSB.
Fue así como nos acercábamos a la mitad del acto, y nuestros padres preparaban el gran final. Dos o tres de los papas, estaban subidos en el techo del colegio, preparando unos fuegos artificiales.
El problema es que las cosas no salieron como se esperaban. El parante donde estaban colocados los fuegos artificiales, cayó, y las luces empezaron a salir en direcciones inadecuadas. Algunos, cayeron al publico, otros, hacia la calle, pero, uno de ellos cayó sobre el recién izado pabellón nacional.
Nuestra bandera peruana se incendiaba, y los papás que estaban en el techo, no sabían que hacer. Mientras tanto, mis amigas que estaban en el patio central, bailando, no sabían si salir corriendo, si quedarse ahí, o si debían seguir bailando.
Pero bueno, ellas decidieron que lo mejor era seguir bailando, y empezaron a dar todo de si para que este percance pase desapercibido, pero, ya era demasiado tarde, todo el público había centrado su atención a la bandera, que, aunque ya no se quemaba, tenía un tremendo hueco.
Cuando acabo la canción, mis amigas salieron llorando, preocupadas, asustadas, y avergonzadas (en ese momento agradecí haber bailando con el primer grupo). Las mojas de mi colegio, horrorizadas, sancionaron a nuestros padres de familia, y retiraron la bandera.

Lo cómico fue, llegar al colegio el día lunes, y en el acto central, durante el izamiento de la bandera, ver como ésta se elevaba hasta lo alto del asta, y cuando ya estaba en la cima, el viento la hiciera flamear, y ver, un gran hueco, producto de una actuación, un tanto accidentada.

viernes, 24 de abril de 2009

Las hijas de la postmodernidad

Cuando estaba en el cole, a mis amigas siempre les gustaba caracterizar e imitar cuanta canción se ponía de moda. No importaba el ritmo, el cantante o el grupo, solo importaba que estuviera de moda y tuviera una coreografía.

Es así que ya en uno de mis últimos años de estudios, se puso de moda la canción Moulin Rouge. Entonces, mis amigas se dispusieron a aprenderse la coreografía.
Estábamos en esa época del año en que ya todo es webeo, y las clases pasan a estar de lado, osea que el tiempo libre sobraba. Cuatro o cinco amigas se organizaron y de a pocos se fueron aprendiendo la coreografía. Al comienzo era un chongo, pero con el pasar del tiempo ya pasó a ser algo característico y tomó mucha importancia. Y es que, cada vez se lo tomaban más en serio, tanto ellas que se aprendían mejor los pasos, como nosotras, eufóricas, que solicitábamos nos ofrezcan una actuación.

Ya para ese momento, el baile era reconocido no solo por la gente de mi salón, sino también por nuestras tutoras y por chicas de otros salones.

Llegamos así, a un día central. Un día en el que las chicas ya eran realmente expertas en el baile, y decidieron hacer una gran actuación. Nos mandaron a uno de los salones, mientras ellas se preparaban en el otro. Luego de unos minutos, nos llamaron para entrar a presenciar el show.

Era demasiado gracioso ver a mis amigas bailando, presentando su show, usando accesorios, incluso una de ellas tenía en la cabeza (un Dummy) de cabeza clava y decía que representaba a la negra (una de las cantantes). Luego de este gran show, mis amigas ya eran famosas, eran realmente conocidas; pero lamentablemente, a la directora del colegio (que era una monja), todo esto no le parecía nada cómico. Es así que luego de darnos un gran sermón, de decirnos que este no era un baile para señoritas, y de prácticamente echarnos agua bendita y hacernos rezar mil rosarios, la monja decidió, desde ese día, bautizarnos como LAS HIJAS DE LA POSTMODERNIDAD.

Y es así, como las chicas de mi promo nos identificamos, y a pesar de que este apelativo, para la monja, era un “insulto”, para nosotras paso a ser, nuestra marca registrada.

domingo, 5 de abril de 2009

Mil y un lesiones II

Con este primer yeso, abrí una ventana que hasta ahora no logro cerrar. He tenido realmente mil y un lesiones. Todas jugando basket, ya sea en un partido oficial, en partido de practica o simplemente entrenando. Aun no se como mis papas no me han amarrado a la cama para que ya deje de jugar.
Pero bueno, si creen que exagero, puedo enumerar algunas: 2 yesos en el tobillo izquierdo: 3 yesos en el tobillo derecho; 1 tabladillo en el dedo gordo de la mano derecha; 1 yeso en la nariz; por lo menos 4 esguinces en el tobillo derecho y 5 en el izquierdo (q por suerte no implicaron enyesarme, pero si vendarme y no poder jugar un tiempo); 2 operaciones en la rodilla derecha, y así podría seguir, de hecho, solo menciono las lesiones más graves, xq en cierta forma opacaron a las que supuestamente fueron “leves”.

Pero bueno, una de las lesiones que más recuerdo, por lo aparatoso, es cuando me enyesaron la nariz.
Esta lesión también la sufrí en el cole. Estábamos entrenando, como siempre, y ya estaba por acabar el entrenamiento, así que estábamos en el momento de la pichanga. Todo iba bien, nos divertíamos, chongueábamos (como cualquier pichanga), y ya la entrenadora había gritado: ultima canasta y nos vamos. Es así como recibí el balón, y decidí que yo debía meter esa última canasta. Di bote y a toda velocidad, corrí hacia el aro. Obviamente, no todo seria sencillo, y una amiga decidió intentar bloquear mi intento de encestar. Luego de correr a mi lado unos segundos, mi pie choco con algo, e inmediatamente perdí el equilibrio, mi cuerpo se fue hacia adelante, todo paso para mi muy rápido, casi ni lo recuerdo. Solo recuerdo estar en el piso, boca abajo, y escuchar pasos que se acercaban de manera acelerada a donde yo estaba. Al momento de voltearme, y abrir los ojos, vi muchas caras, pero todas con una característica: vi susto en ellas. Me preguntaron, como se suele hacer siempre: estas bien? (claro, estoy perfecta, no me ven??) Pero bueno, yo no sentía mayor dolor, solo me molestaban los raspones que tenia (xq jugábamos en cancha de cemento). Así que me levantaron, y me llevaron al toque a lavarme la cara, fue ahí cuando entendí que las cosas no estaban del todo normales, porque al meter mi rostro en el chorro de agua, el color que caía no era transparente, sino que se tornaba rojizo. Fue recién en ese momento que me asuste, xq no sabia de donde procedía la sangre, y peor aun, no sabia q tenia en la cara: estaba entera? Mis amigas vieron que mucha de la sangre salía de un corte que me había hecho en el labio, pero, tb sangraba mi nariz. Así que me llevaron al gran tópico de mi colegio, donde, la monjita de ese momento, decidió echarme una pomada (q no se realmente q era, solo espero que no haya sido crema para los hongos o algo así), mientras esperábamos a mi papá, al que ya habían llamado.
Mi padre llegó y me llevo al toque a la clínica, en donde me sacaron una placa, y me hicieron esperar un rato. Yo ya sentía el dolor, y este se localizaba ahora en mi nariz, la cual estaba un poco hinchada, pero por suerte, entera. Lo sorprendente fue, que luego de sacarme la placa, los médicos de ese momento me indicaron, que el otorrino no estaba, y que debía regresar mas tarde, pueden creerlo?? Pero bueno, no me quedaba de otra, así que me fui a mi casa, casi como si nada, y regrese horas mas tarde a la clínica. El otorrino vio mi placa y me mostró la lesión: tenía un pequeño esguince en el tabique, y una pequeña desviación, traducido, debía enderezarlo. Lo que siguió, fue lo más doloroso que pude sentir, y aunque suene ilógico, o extraño, fue cuando aplico la anestesia, y es que se sentía como un ardor espantoso que recorría la nariz, la frente y los ojos. Luego de eso, ya nada molestaba, y el doctor pudo proceder a enderezar la nariz, para lo que tuvo que meter en cada fosa nasal una especie de tubito, y luego de un movimiento, la nariz ya estaba en su sitio.
Es así como mi nariz fue decorada con un pequeño yeso blanco, que la cubrí, y encima del yeso, esparadrapo, que iba desde mis cachetes hasta la frente, es decir, si esto hubiera pasado en halloween, ya tendría el disfraz perfecto.

Pero bueno, tras 1 semana de yeso, volví a la normalidad, y claro está, a retomar los entrenamientos rogando por que no me vuelva a lesionar (aunque, muy dentro de mí, sabía que, lamentablemente, tarde o temprano volvería a pasar)

sábado, 4 de abril de 2009

Mil y un lesiones

Yo juego basket desde que estoy en 6to grado de primaria. Me inicie, casi de casualidad, antes practicaba atletismo en el cole, y un día, recuerdo que mi amiga Helen me dijo: tú corres rápido, deberías entrenar basket. Bueno pues, le hice caso, y empecé a entrenar basket, y desde ahí no lo dejé. Pero, es así como también iniciaron mis mil y una lesiones.

No se exactamente cómo o cuándo pasó la primera lesión, pero, de que fue en la época del cole, de eso estoy segura. Creo que fue un día, durante un partido de Adecore; de hecho, fue algo cómico, porque, se dio el salto inicial del partido, la pelota fue arrojada hacia donde yo estaba, así que salté para agarrarla, pero una petiza (sí, era enana, una niña que aún no desarrolla del todo), decidió que la mejor manera de robarme el balón era empujándome en el aire. Es así que, a pesar de sus escasos 20 kilos, me empujó, y caí sobre mi tobillo, el cual (como es claro) se dobló. Yo, con la cólera, pensé: chibola de miércoles, ya fuiste!, y cual matona decidí levantarme para aplicar mi venganza. El problema fue, que no pude dar un paso, mi tobillo no estaba normal, ese dolor no era normal. Y bueno, al suelo de nuevo.

Al sacarme la zapatilla (misión casi heroica porque no quería ni que me toquen por el dolor), mi tobillo había tomado un color fuera de lo común, y el tamaño era ya demasiado. Si quieren compararlo con algo, busquen un camote morado en sus casas, y entenderán como estaba mi tobillo en ese momento.
El hielo llegó de inmediato y lo colocaron encima de mi tobillo que a gritos pedía ser curado.
Pero, a mi más me preocupaba el saber si podría volver a jugar ese partido, y más cólera me daba, ver mi tobillo en ese estado, xq sabía que no podría retorarnar a la cancha ese día.
Es así q, luego de terminar el partido, me llevaron a la clínica más cercana, y luego de sacarme placas, y revisarme (y yo soportando cada vez más dolor), el doctor decidió que lo mejor para esa lesión, era un yeso. Lo primero que pensé fue: me fregué, no puedo jugar en lo que falta del campeonato. Pero bueno, no podía hacer nada, estaba en la clínica, con mi mamá, y yo era demasiado chibola para negarme al yeso. Así que el doc me puso el yeso de esos antiguos, blancos, inmensos, horribles.

No estoy segura si ésta es la primera lesión que tuve por jugar basket, pero si estoy segura que es la primera más grave que me pasó… el problema, es que no fue la única, ni la última…

lunes, 30 de marzo de 2009

Todo cerca…

Vivo en Pueblo Libre desde que nací, no en la misma casa, pero, unas muy cerca de las otras. Salvo un breve intervalo en el que mi familia se mudo a Jesús María, mi hogar a girado y gira en torno a Pueblo Libre.
Estudie en el nido Mi mundo infantil, situado en clement, y luego de pasar los años, y estudiar en conejitos, ositos, patitos y todo tipo de animal, empecé a estudiar en el colegio Cristo Rey, no muy lejos del nido.
Toda mi vida estudie en ese colegio, y justo quedaba al frente de la casa de mis abuelos paternos, así que cualquier cosa, solo iba, les tocaba el timbre y me salvaban de muchas.
Cuando nací, viví en su casa, y luego del lapsus brutus en Jesús María, mi papá compró un departamento (obviamente tb en pueblo libre), por la cuadra 11 de la av. Bolívar, es decir, a 8 cuadras de mi colegio y por ende a 8 cuadras de la casa de mis abuelos. En la casa de mis abuelos vivían los dos hermanos de mi papa. Uno, con esposa e hijas y el otro, solo. Años más tarde, conoció a su actual esposa, y fue momento de empacar sus cosas y mudarse. Pero bueno, esa mudanza no llego a ser tan ardua, xq se mudaron a 2 cuadras, justo en el cruce de bolívar con universitaria.
Tenía ahora, el cole a 8 cuadras, la casa de mis abuelos a 8 cuadras y la casa de mis tíos a 10 cuadras.
Ya en 5to de secundaria, empecé a estudiar en la pre de la pucp, y bueno, la academia estaba solo cruzando la universitaria, es decir, a 12 cuadras de mi casa. Fue así, que acabo la pre, y logre ingresar a la pucp. Es decir, mi centro de estudios paso de estar a 8 cuadras de mi casa, para ahora estar a 12 (gran diferencia, no?)

Y así, hasta ahora, sigo en la pucp, sigo viviendo por la cuadra 11 de la av bolivar, la casa de mis abuelos (ahora habitada por uno de sus hijos), sigue a 8 cuadras de mi casa, y la casa de mi tío a 10 cuadras.