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sábado, 25 de abril de 2009

Una bandera quemada

Esta historia la recuerdan todas las chicas de mi promo, y ocurrió durante alguna actividad de esas que organizaba mi cole buscando sacarles dinero extra a nuestros padres.

Pero bueno, ese día de la actividad, los dos salones decidimos bailar la música que estaba de moda. Es así que nos dividimos en dos grandes grupos de más de 30 personas cada uno.
Uno de los grupos decidió bailar “De sol a sol”, del recordado grupo Salserin (en este grupo me encontraba yo). El otro grupo se inclino más por la música de los Backstreet boys y escogió la canción Everybody.

Bueno, las primeras en salir fuimos las salserinas, todas disfrazadas como los chibolos del grupo este; osea, vestíamos un jean inmenso, de esos que le decían carpinteros; un polo o camisa y gorrita; es decir, éramos unos machitos. Todo estaba genial, con las luces de alrededor apagadas, para que nosotras seamos el centro de atención. Terminando el acto, nosotras salíamos, y justo detrás nuestro entraban las chicas BSB. Ellas entraban sin música, y se colocaban en sus posiciones, mientras la música de salserin iba desapareciendo. El acto iniciaba con el reconocido inicio de la canción: Everybody, yeah.
(la foto es de ese día, no se ve muy bien, pero, somos las salserinas jaja)

Todo iba genial, las chicas que ya habíamos bailando, desde afuera gritábamos y hacíamos chongo. Las chicas de los demás salones también entraban al juego y silbaban y gritaban, como si estuvieran viendo a los reales BSB.
Fue así como nos acercábamos a la mitad del acto, y nuestros padres preparaban el gran final. Dos o tres de los papas, estaban subidos en el techo del colegio, preparando unos fuegos artificiales.
El problema es que las cosas no salieron como se esperaban. El parante donde estaban colocados los fuegos artificiales, cayó, y las luces empezaron a salir en direcciones inadecuadas. Algunos, cayeron al publico, otros, hacia la calle, pero, uno de ellos cayó sobre el recién izado pabellón nacional.
Nuestra bandera peruana se incendiaba, y los papás que estaban en el techo, no sabían que hacer. Mientras tanto, mis amigas que estaban en el patio central, bailando, no sabían si salir corriendo, si quedarse ahí, o si debían seguir bailando.
Pero bueno, ellas decidieron que lo mejor era seguir bailando, y empezaron a dar todo de si para que este percance pase desapercibido, pero, ya era demasiado tarde, todo el público había centrado su atención a la bandera, que, aunque ya no se quemaba, tenía un tremendo hueco.
Cuando acabo la canción, mis amigas salieron llorando, preocupadas, asustadas, y avergonzadas (en ese momento agradecí haber bailando con el primer grupo). Las mojas de mi colegio, horrorizadas, sancionaron a nuestros padres de familia, y retiraron la bandera.

Lo cómico fue, llegar al colegio el día lunes, y en el acto central, durante el izamiento de la bandera, ver como ésta se elevaba hasta lo alto del asta, y cuando ya estaba en la cima, el viento la hiciera flamear, y ver, un gran hueco, producto de una actuación, un tanto accidentada.

viernes, 24 de abril de 2009

Las hijas de la postmodernidad

Cuando estaba en el cole, a mis amigas siempre les gustaba caracterizar e imitar cuanta canción se ponía de moda. No importaba el ritmo, el cantante o el grupo, solo importaba que estuviera de moda y tuviera una coreografía.

Es así que ya en uno de mis últimos años de estudios, se puso de moda la canción Moulin Rouge. Entonces, mis amigas se dispusieron a aprenderse la coreografía.
Estábamos en esa época del año en que ya todo es webeo, y las clases pasan a estar de lado, osea que el tiempo libre sobraba. Cuatro o cinco amigas se organizaron y de a pocos se fueron aprendiendo la coreografía. Al comienzo era un chongo, pero con el pasar del tiempo ya pasó a ser algo característico y tomó mucha importancia. Y es que, cada vez se lo tomaban más en serio, tanto ellas que se aprendían mejor los pasos, como nosotras, eufóricas, que solicitábamos nos ofrezcan una actuación.

Ya para ese momento, el baile era reconocido no solo por la gente de mi salón, sino también por nuestras tutoras y por chicas de otros salones.

Llegamos así, a un día central. Un día en el que las chicas ya eran realmente expertas en el baile, y decidieron hacer una gran actuación. Nos mandaron a uno de los salones, mientras ellas se preparaban en el otro. Luego de unos minutos, nos llamaron para entrar a presenciar el show.

Era demasiado gracioso ver a mis amigas bailando, presentando su show, usando accesorios, incluso una de ellas tenía en la cabeza (un Dummy) de cabeza clava y decía que representaba a la negra (una de las cantantes). Luego de este gran show, mis amigas ya eran famosas, eran realmente conocidas; pero lamentablemente, a la directora del colegio (que era una monja), todo esto no le parecía nada cómico. Es así que luego de darnos un gran sermón, de decirnos que este no era un baile para señoritas, y de prácticamente echarnos agua bendita y hacernos rezar mil rosarios, la monja decidió, desde ese día, bautizarnos como LAS HIJAS DE LA POSTMODERNIDAD.

Y es así, como las chicas de mi promo nos identificamos, y a pesar de que este apelativo, para la monja, era un “insulto”, para nosotras paso a ser, nuestra marca registrada.